Estrangeiros no momento
2004-12-16
 
Caballero de fina estampa
Para mostrar a enorme graça pessoal que o senhor dos versos do post em baixo tem, vou presentear-vos com trechos de uma entrevista de alguns meses que Javier Menéndez Flores lhe fez em Interviú (uma boa "revista espanhola de mulheres peladas" onde ele começou a ter uma coluna). A pessoa pública de Sabina encerra para mim a elegância e a graciosidade de alguns velhos espanhóis herdeiros de algo que outros não conseguiram matar totalmente no espírito deste país.

—Tú eres una persona muy influyente y querida. ¿Qué te ha empujado a hacerte con una tribuna en prensa escrita y por qué interviú?
—Hacía mucho tiempo que quería hacerlo. Siempre pensé en un lugar en donde pudiera opinar, y siempre en prosa. Y resulta que, por un lado, la prosa me cuesta muchísimo trabajo, y por otro, que se ha perdido la tradición que había, tan hermosa, de escribir versos satíricos en prensa, y que cultivaron casi todos los grandes. Me parecía un momento estupendo, con la que está cayendo, para hacer en sonetos, coplas, o lo que sea, una especie de crónica, sin perder rigor literario pero bajando lo más a ras del suelo posible. ¿Por qué interviú? Por Savater, por ti, por Millás, por las tetas [risas]. En orden contrario [más risas]. Y por Vázquez Montalbán...

—¿Crees que se van a incrementar las ventas de la revista con tu fichaje, y que los lectores habituales de interviú van a comulgar con tu firma y discurso?
—Creo que van a seguir haciéndose pajas con las tetas y limpiándose el culo con los sonetos [risas prolongadas].

—Entremos en política. Parada obligada: el anuncio inesperado, por pronto, de la retirada de las tropas españolas de Irak.
—No sólo por pronto, sino porque uno está acostumbrado a que nunca se haga lo que se promete en campaña electoral. Pocas veces siente uno estar en el centro del fuego de la Historia. Creo que estamos viviendo un momento de aceleración histórica muy interesante. Hay una gente que cumplió su palabra y además lo ha hecho lo más aprisa posible, que tiene eso que le llaman un talante conciliador en un momento en el que parecía que las dos Españas iban a liarse a garrotazos otra vez, como en el cuadro de Goya. Luego nos defraudará Zapatero, como es su obligación no, como es su oficio, pero, bueno, para eso tendremos unos sonetos para ‘cagarnos en la madre que lo parió’.

—He leído hace unas horas, en los servicios de una taberna cercana a tu casa, la siguiente pintada: “Malditos moros, sois peor que las serpientes. Venís a matar a Europa. Sois la scoria [sic] de la humanidad”. ¿El fatídico 11-M nos hará más endogámicos, racistas, xenófobos?
—Bueno, hasta ahora se ha dado una lección, ¿no? A pesar de que la gente tiene un poco más de miedo, aquí no ha habido linchamientos de moros ni nada parecido, y se puede pasear por Lavapiés… El peligro es muy gordo. Basta con leer a Oriana Fallaci, que dice lo mismo que esa pintada que tú has leído, pero sin faltas de ortografía. Incluso, más agresivamente. Creo que eso de la lucha de las civilizaciones es un absoluto error, volver a las cruzadas o a no sé qué. La política está para arreglar las cosas, no para liarse a bombazos a la primera de cambio.

—“Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid” [fragmento de su canción Yo me bajo en Atocha, escrita en 1998]. ¿Ahora más que nunca?
—[Medita un rato largo]. Sí, porque además en esos días terribles hubo por lo menos cinco personas a las que fui a visitar porque tenían que ver no conmigo, sino con mis canciones: hablo de muertos, de viudas… de una cosa atroz y espantosa. Y luego también gente que ponía eso y que me mandaba e-mails diciendo: “Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid”. Realmente yo no hago canción con la menor vocación de himno y mucho menos de responso, pero fue muy emocionante.

—¿Cómo resultó ese pésame a las familias de los fallecidos?
—Es que eran casos muy distintos… De cinco casos, a uno que estaba vivo de milagro lo fui a ver, y fue muy emocionante. Le mandé flores y hablé con la viuda de otro, y he hablado por teléfono con dos o tres más. Pero era terrible. Era como dedicarse a pompas fúnebres, con gente que podían haber sido amigos míos y no tuvieron ni la oportunidad de serlo. Fue terrible. Estoy muy orgulloso de ser madrileño, como lo estamos todos, por el modo en que se ha movilizado la gente. Fue impresionante el primer día… ¡todo! El “pásalo”, la votación… Nada más lejos de mí que creer que esta ciudad era tan maravillosa.

—¿Has hablado con tus hijas, de 12 y 14 años, del 11-M?
—Sí. Incluso cuando llamé a una de las viudas, les hice a mis hijas que se pusieran en el otro teléfono y lo escucharan. Mis hijas son muy cívicas. Estuvieron conmigo en la gran manifestación contra la guerra de Irak. Como estuvo su abuelo, el ex ministro [Alberto Oliart]; como estuvo Pepa [la histórica asistenta de Joaquín], la hermana de Pepa, Jimena [su novia], mi secretaria peruana, la madre de mis hijas… El 90 por ciento del país. Mis hijas van teniendo una conciencia del mundo en el que viven. Lo que pasa es que luego, en esos colegios caros donde andan, hay unos nuevos cachorrillos de fascistas que van a discotecas fascistas donde se pone el Cara al sol. Pero puertas al campo no se le pueden poner: o vale el ejemplo y el entorno, o no vale nada.

—A propósito de tus hijas, siempre he tenido la duda de si alguna vez llegaste a cambiarles los pañales.
—No, nunca, nunca. Eso estaba resuelto y yo no era un padre vocacional ni nada. Me encontré con unas hijas fantásticas y tal, pero no empecé a hablar con ellas hasta que supieron hablar bien. Yo no sé cómo dirigirme a la infancia.

—¿Llegarás a tener algún hijo más?
—No creo. No lo sé, pero no creo. Aunque uno es un caballero y le pondrá su apellido a lo que venga [risas de cierre].

RF

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